Financiación de la boda

El dinero no da la felicidad pero no podemos negar que es necesario para organizar una boda por todo lo alto. En 2014, según la Federación de Usuarios y Consumidores Independientes (FUCI), el gasto para cien comensales oscilaba entre 11.864 y 21.205 euros, es decir, una media de 16.534 euros. Una cantidad que solo algunos afortunados lograrían juntar con su salario de todo un año y apretándose el cinturón.

©Evan Perigo

¿Cómo conseguir ese dinero y no morir en el intento? La primera opción es que los novios la paguen íntegramente de sus ahorros. Algunas parejas acumulan una cantidad durante mucho tiempo para invertirla en una celebración y una luna de miel inolvidables. Sin embargo y, sobre todo en el caso de parejas jóvenes, se trata de un proceso arduo o lento debido a la precariedad laboral actual. ¿Cómo actuar en este caso?

Aunque nadie quiere depender ni poner en un aprieto a sus padres, algunas personas acuden a ellos en busca de ayuda. Tus padres o tus abuelos estarán encantados de colaborar con lo que puedan, ya sea a modo de regalo o préstamo, más todavía si tienen la fortuna de vivir en una situación económica desahogada.

© Julie A. Withlock / ©Anna K Photography
© Julie A. Withlock / ©Anna K Photography

Por otra parte, hoy en día los invitados suelen aportar una cuantía en lugar de comprar un regalo de una lista. Esto se hace porque, así, pagan su cubierto y ayudan a la pareja a solventar el catering, la decoración, la música, el alquiler del salón… Resulta más práctico y útil que entregar un juego de cubertería o sábanas, objetos que, probablemente, ya tienen de sobra en casa.

Si tus ahorros no son especialmente rumbosos y tu familia no cuenta con la posibilidad de respaldarte, existe una salida: pedir un crédito. Da miedo, es arriesgado y se devuelve con intereses, pero a veces es lo mejor o, como mínimo, lo menos peor. Dependiendo del banco al que acudas, pueden prestarte sumas de tres a seis cifras. Es probable que la cantidad y la facilidad para dártelo sea directamente proporcional a los intereses y los años de devolución. Si barajas esta idea, consulta varias entidades bancarias y escoge, tras pensarlo bien, la que mejor se ajuste a tus necesidades.

©Sean Money + Elizabeth Fay
©Sean Money + Elizabeth Fay

Lo bueno del crédito es que no pones a ninguno de tus seres queridos en un aprieto, ni has de tirar de tus ahorros drásticamente, quedándote a cero. ¿Lo malo? Además de casarte con tu amor te estás casando con el banco, que no te concederá el divorcio a la ligera. Nuestro consejo: medita con detenimiento cada vía, sé consciente de las consecuencias de cada una y haz un planning de gastos para conocer el presupuesto del evento a fondo y en qué aspectos se va a realizar una inversión superior. Coge un boli, un papel y una calculadora, ¡y a trabajar!